
Autora: Jacqueline Balcells
Todo niño tiene un ángel que se llama igual que él y que lo cuida mañana, tarde y noche. Son los ángeles de la guarda que no comen, ni duermen, ni descansan nunca. Pero ciertas noches de verano, cuando sus niños están durmiendo muy cansados y tranquilos, sus ángeles salen de puntillas de su pieza y salen a juntarse en el árbol más grande del vecindario. Y allí, reunidos a la luz de las estrellas como una bandada de pájaros nocturnos y transparentes, se cuentan unos a otros las maravillas, alegrías y desastres de sus niños. Como del niño que quería ver a su ángel. tienen el oído finísimo, cada ángel oye respirar –Simón, mi ahijado –comenzó diciendo el a su ahijado aunque éste duerma a cuatro ángel- es un niño que no se parece a ningún cuadras de distancia; y si alguna pesadilla o otro niño.
